¿Por qué la gente siente simpatía por los robots de reparto? La psicología detrás de nuestra extraña conexión

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Los humanos están experimentando una respuesta emocional inesperada a los robots en los espacios públicos, y las razones revelan mucho sobre cómo interactuamos con la tecnología. Desde robots de reparto destrozados hasta máquinas de baile que funcionan mal frente a multitudes, la gente siente cada vez más simpatía (y a veces enojo) hacia estas máquinas. ¿Pero por qué?

La explicación se encuentra en décadas de investigación que muestran que instintivamente tratamos a las computadoras como entidades sociales cuando cumplen tres condiciones: interactividad, uso del lenguaje natural y realización de tareas previamente realizadas por humanos. Los robots de reparto y los robots humanoides se ajustan perfectamente a este criterio y desencadenan respuestas sociales automáticas. Como explica el profesor de Penn State, S. Shyam Sundar, “hay una respuesta social automática que tenemos cuando vemos que alguien está siendo acosado… no nos detenemos para decir: esto es una máquina”.

Los estudios muestran consistentemente que los humanos muestran cortesía hacia las computadoras, incluso atribuyéndoles cualidades humanas y preocupándose por sus “sentimientos”. Esta no es una elección consciente; es una respuesta programada. Pero el diseño también juega un papel importante. Empresas como Kiwibot crean intencionalmente robots con características antropomórficas (ojos LED, nombres humanos) para fomentar la empatía y reducir el vandalismo. Como dijo Felipe Chávez: “Para nosotros es muy importante diseñar nuestros robots de tal manera que la gente se conecte con ellos”.

Sin embargo, este afecto no es universal. Para algunos, los robots de entrega representan ansiedades más amplias sobre la automatización, la desigualdad económica y la vigilancia. Otros simplemente los encuentran irritantes o extraños, lo que desencadena el efecto del “valle inquietante”. Aún así, otros descargan su frustración con las propias máquinas, pateándolas o volcándolas.

El auge de los robots en la logística es inevitable, y se proyecta que el mercado de entregas de última milla representará una oportunidad de 450 mil millones de dólares para 2030. A medida que la robótica y la inteligencia artificial se integren más en nuestras vidas, estas extrañas interacciones entre humanos y robots se volverán más comunes. En última instancia, estas máquinas nos están enseñando más sobre nosotros mismos que nosotros sobre ellas. Como sugiere la socióloga Sherry Turkle, son “objetos evocadores” que nos obligan a confrontar lo que significa cuando las empresas diseñan intencionalmente máquinas para provocar apego y sentimientos protectores.