Cuando le diagnostican una enfermedad grave, espera que los médicos le hagan preguntas médicas, no auditorías de vida no solicitadas por parte de amigos y extraños. Pero para muchos, especialmente aquellos diagnosticados jóvenes, un diagnóstico de cáncer se convierte en una invitación abierta para que otros especulen sobre qué hiciste mal, qué deberías haber comido o cómo tu estilo de vida lo “causó”.
Esto no es sólo insensible; es una respuesta humana común arraigada en un deseo de control en un mundo caótico. La gente quiere creer que el buen comportamiento equivale a buenos resultados y que el mal comportamiento equivale a sufrimiento. Pero el cáncer no siempre sigue esa lógica.
La autora, Emma Vivian, experimentó esto de primera mano después de un diagnóstico de cáncer de mama agresivo a los 29 años. Sus amigos cuestionaron su dieta (¿demasiada pasta? ¿Demasiada azúcar?), la familia insinuó un destino genético e incluso extraños ofrecieron consejos de salud no solicitados, que iban desde suplementos a base de hierbas hasta advertencias sobre la radiación.
“Cuando me diagnosticaron un cáncer de mama agresivo a los 29 años, no había previsto cuántas opiniones tendría la gente sobre mi enfermedad ni con qué libertad las compartirían”, escribe Vivian.
El mito del control
El problema es que, si bien los factores del estilo de vida pueden influir en el riesgo de cáncer, están lejos de ser la historia completa. La genética, las toxinas ambientales y la simple mala suerte influyen. Como explicó su oncólogo, no hay garantía de que incluso una vida perfectamente “saludable” le proteja del cáncer.
Sin embargo, el juicio social persiste. La gente parece creer que si pueden identificar la “razón” de la enfermedad de otra persona, pueden evitar el mismo destino. Esto está ligado a la “falacia del mundo justo”, un sesgo cognitivo que nos hace buscar orden y previsibilidad donde no los hay.
La experiencia de Vivian no es única. Señala que muchos pacientes jóvenes con cáncer enfrentan el mismo aluvión de culpas y consejos no solicitados. A algunos se les dice que su trauma lo causó, a otros se los presiona para que prueben tratamientos no probados y otros se sienten aislados y juzgados.
Tasas en aumento, respuestas poco claras
La ironía es que las tasas de cáncer en adultos jóvenes, particularmente en mujeres, están aumentando. Las tasas de diagnóstico en mujeres menores de 50 años son ahora un 82% más altas que en hombres de la misma edad. Las teorías van desde las dietas modernas hasta los microplásticos, pero no hay una respuesta fácil. Algunos oncólogos incluso sospechan que pueden estar en juego factores ambientales de mediados del siglo XX.
Esto significa que incluso con el estilo de vida más saludable, las personas son cada vez más vulnerables. Eliminar el azúcar o el plástico no cambiará la calidad del aire en tu ciudad.
Qué hacer en su lugar
Vivian sugiere que si no está seguro de cómo apoyar a alguien con cáncer, simplemente pregúntele qué necesita. La mayoría de los pacientes no quieren que los juzguen; Quieren empatía y ayuda práctica. “Si quieren su opinión sobre cómo mantenerse libre de cáncer, probablemente la pedirán. De lo contrario, confíe en que su oncólogo tiene todo cubierto”.
En última instancia, la lección es clara: un diagnóstico de cáncer no hace a nadie responsable de su enfermedad. Los hace vulnerables y necesitan apoyo, no auditorías de vida no solicitadas.
Vivian concluye: “Anhelo el día en que una persona recién diagnosticada no se sienta repentinamente responsable de explicar su enfermedad. Cuando, en lugar de preguntarle: “¿Por qué te pasó esto?”, solo escuche: “¿Cómo puedo estar ahí para ti?”.































