Comprender al “otrovertido”: una nueva mirada a los tipos de personalidad

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El viejo debate entre introversión y extroversión tiene un nuevo contendiente: el “otrovertido”. Acuñado por el Dr. Rami Kaminski, este término describe a personas que exteriormente parecen extrovertidas pero que internamente funcionan con un sistema nervioso introvertido. Si bien las evaluaciones de personalidad como la de Myers-Briggs han popularizado la dicotomía introvertido/extrovertido, el concepto de lo otrovertido resalta una realidad más matizada.

¿Qué define a un Otrovert?

A diferencia de los introvertidos clásicos que se recargan a través de la soledad, o los extrovertidos que prosperan en entornos sociales, los otros vertidos exhiben una mezcla. Pueden navegar cómodamente en situaciones sociales, incluso ocupar un lugar central, pero aun así requieren un tiempo de inactividad sustancial para recuperar energía. Como explica la terapeuta especializada en trauma Amelia Kelley: “Un otro puede parecer extrovertido… pero en realidad tiene un sistema nervioso más introvertido”. Esto significa que pueden desempeñarse socialmente mientras necesitan períodos significativos de aislamiento para volver a su nivel inicial.

El término en sí, derivado de la palabra española que significa “otro”, refleja la sensación de ser un outsider que muchos otros abiertos experimentan. A menudo poseen una mayor conciencia social, pero les cuesta sentirse verdaderamente vistos o comprendidos en la dinámica de grupo. Como señala la terapeuta Cheryl Groskopf: “Pueden desear una conexión profunda y genuina y al mismo tiempo sentirse crónicamente invisibles, incomprendidos o descartados en los grupos sociales”.

En qué se diferencian los otrovertidos de los introvertidos y los extrovertidos

La distinción clave radica en cómo estos individuos se sienten dentro de los entornos sociales. Mientras que los introvertidos pueden evitar las multitudes, los otros pueden participar pero salir sintiéndose emocionalmente desapegados o sin anclaje. Este no es un comportamiento antisocial; más bien, es el resultado de un sistema nervioso que no registra completamente los entornos como seguros o mutuamente atractivos.

Los extrovertidos, por el contrario, suelen obtener energía genuina de las interacciones externas. Los otrovertidos, sin embargo, pueden imitar comportamientos extrovertidos debido al condicionamiento social o la adaptación aprendida. Esto puede crear un circuito de retroalimentación en el que los elogios por los rasgos extrovertidos refuerzan el comportamiento, mientras que las necesidades introvertidas subyacentes permanecen insatisfechas.

Lo que los demás deben recordar

Los terapeutas enfatizan que es normal tener momentos de introversión. Depender únicamente de la validación externa puede resultar perjudicial. Dar prioridad a las necesidades internas, especialmente durante cambios hormonales o estresantes, es crucial. Sentirse como un extraño no significa que algo esté mal; a menudo refleja una capacidad bien desarrollada para observar y adaptarse, a veces como mecanismo de supervivencia. El objetivo no es volverse más social sino encontrar espacios donde la autenticidad no quede enmascarada.

Lo que los seres queridos deben entender

Quienes se preocupan por los otros públicos deberían resistir la tentación de “arreglarlos” o empujarlos a participar en compromisos sociales. La coherencia, la curiosidad genuina y la presencia emocional son mucho más efectivas. Permítales ocupar espacio a su propio ritmo y escuchar sin apresurarse a responder. Sus necesidades fluctúan; a veces aceptarán eventos sociales, otras veces se retirarán por completo. Respetar esta flexibilidad es vital.

En conclusión, el concepto de lo otroverso arroja luz sobre la complejidad de la personalidad humana. Subraya que los niveles de energía, el comportamiento social y las experiencias emocionales no siempre se alinean claramente en categorías binarias. Reconocer este matiz puede fomentar una mayor conciencia de uno mismo y relaciones más solidarias.