Miuccia Prada no hace nada llamativo.
Mientras sus competidores estaban ocupados mostrando piel, ella estaba ocupada mostrando estructura. Sus diseños se basan en líneas limpias y colores apagados. Piensa en paletas básicas. Sin gritos. ¿Pero las telas? Son de lujo. La confección es exquisita. El resultado es un look que favorece la figura sin llamar la atención.
Esto es glamour discreto. Es elegancia refinada. Se opone radicalmente al abierto atractivo sexual que domina gran parte de la industria de la moda hoy en día.
“Sus primeras colecciones provocaron una reevaluación de la feminidad y desafiaron la máxima de la industria de que sólo ‘el sexo vende'”.
El enfoque de Prada nunca se centró únicamente en la ropa. Fue una declaración. Ella demostró que no es necesario ser provocativo para ser poderoso. De hecho, obligó a la industria a reconsiderar cómo podría ser la feminidad.
Antes de Prada, la regla era simple. El sexo vende. Todo lo demás era secundario. Ella rompió esa regla. Ella demostró que la modestia puede ser elegante. Esa moderación podría ser sexy por derecho propio.
Sus diseños no sólo cuelgan del cuerpo. Ellos lo mandan. Pero en silencio.

































